miércoles, 26 de agosto de 2009

Tres pensamientos hacia el infinito

Tres hoja cuelgan, debiles y secas, de un arbol. Un arbol antiguo con olor a ron y viejas historias, el típico aroma y sensación de anciano y sabio. Sus días de gloria ya pasaron, su semilla fue dispersa y lo último que le queda para dar al mundo son sus tres últimos testimonios de vida, sus tres últimos suspiros.

Un soldado de cansado andar avanza con paso triste hasta el anciano. A él también le invaden pasadas memorias, una y otra vez. Con cada paso que da hacia ese monolito orgánico le invaden los viejos recuerdos de batallas. El hombre los saborea y luego parten hacia el infinito. El militar siente los pasos que ha dado desde que se alejó desde el otro lado del árbol hace tantos siglos. Su pesada armadura, ya oxidada, rechina con cada movimiento, como si contara los días de vida que le quedan.

De detiene suavemente para ver cuanto le falta por recorrer. Alza su cabeza sintiendo cada movimiento y cada acto de paciencia que tuvo, dejandonos sospechar que ya sabe el final.

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